miércoles, 11 de agosto de 2010

La Potra Zaina



Les contaré señores la historia más bonita, de linda potranquita, con ojos soñadores.

Colita de caballo de andar pasitrotero. De crines muy hermosas y corría por los esteros.
Era una potra muy singular; no conocía el amor. No conocía el dolor; no conocía el bozal.

Sola quería vivir por el palmar.
Era la potra zaina la flor de la llanura. Caballos y potrones sufrían por su hermosura.

Pasiando la sabana, en las noches de luna, coqueta se miraba, su sombra en la laguna.
La potranca al fin se descuidó, y un día primaveral, a orillas del palmar, en mi lazo cayó, la zaina así perdió su libertad.
No quiere el freno morder, ni la montura llevar, rienda no quiere sentir, ni que le pongan bozal.
Y cuando está en el potrero, se oye silvar al gavilán, se escucha a la potranquita triste llorar.

A esa potra la voy a domar; le enseñaré a querer, le enseñaré a llevar la silla y el bozal, y luego le daré su libertad.












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